Linger
Es un temazo.
El otro día mandé una canción por un grupo que tenemos Marcos, Lexi, Berit y yo; estuve a punto de no mandarla por ese y mandarla por uno que tenemos Marcos, Lexi y yo. ¿La razón? Berit tiene un gusto musical exquisito (Lexi y Marcos también lo tienen) y un programa en Radio Relativa que se llama The Usual (Lexi y Marcos no; te dejo link por aquí por si te pica el gusanillo) y me daba vergüenza mandar algo que no fuera completa y absolutamente cool & curated. Gracias a Dios, reculé y mandé la canción.
Gracias a Dios no porque la canción fuera buenísima ni Berit vaya a usarla nunca en su programa, pero porque me apetecía compartirla con mis amigos. Y alguien que está en mi vida —amigos, familia, amigos extendidos, el cartero, Paola y Dayana (mis baristas de confianza)— debería saber quién soy (al completo) y quererme así, con todo. O no quererme y salir de mi vida, pero no conocer la/una versión descafeinada que finja ser para resultar más atractiva/cool/non-chalant/contenida/incluye-aquí-el-adjetivo-que-consideres-oportuno.
¿Cuántas veces no has sido tú mismo por miedo al juicio o a que la opinión que tenía alguien sobre ti fuera a cambiar? ¿Que te viera con “peores” — y lo pongo entre comillas porque lo pienso con perspectiva y me parece tremendamente ridículo verlo así— ojos? No sé si a ti te habrá pasado alguna vez, pero a mí muchas, muchísimas.
Reconozco también que, aunque envié la canción, me tuve que justificar; no os creáis que fui capaz de mandarla sin más (o diciendo que me daba mucho buen rollo y ya). ¿Por qué? Pues porque necesitaba asegurarme de que no me redujeran a una recomendación musical de mierda (tampoco era para tanto) aislada. ¿Por qué? ¿Para qué?
Nunca me había parado a pensarlo, pero creo que voy entendiéndolo… Es pura necesidad de control: de la situación, de la narrativa… De todo lo que pueda creer que controlo, para qué engañarnos… tengo un temita con el control; sobretodo con perderlo. De ahí viene también el haberme esforzado tanto durante tantos años en ser quien creía que tenía que ser para que me quisieran/aceptaran/valorasen…
Con que lo pienses dos segunditos, te das cuenta de lo triste que es. No que te lo cuente (que según quién lea esto, pensará que también), sino que haya aprendido que eso es lo normal.
¿Cómo he podido aprender de una forma tan profunda que lo que soy no era suficiente? E incluso más importante, ¿por qué soy una de miles o millones que piensa que eso es así? Ayer estuve en un círculo de mujeres y muchas coincidimos en lo difícil que es a veces ser una misma y quererte sólo por eso —como si lo que somos fuera poco. ¿Sabías que las posibilidades de nacer son 1 entre 400 cuatrillones? ¿TE PARECE POCO?
Después de mandar la canción, Berit me dijo: “tía, no te preocupes… yo también tengo guilty pleasures”. Y entramos a debatir.
¿Por qué los llamamos guilty pleasures? Quiero decir… ¿por qué una canción que no hace ningún daño, un libro que te hace reír o una peli que te ayuda a sacar TODAS las lágrimas que no te atreves a derramar va a ser un guilty pleasure? No lo entiendo, la verdad. O sea, sí lo entiendo: es el tipo de sociedad que hemos construido en la que estamos todo el día dándole vueltas a lo que es o no correcto/cool/aceptable, pero no me enfada mucho que hayamos llegado a este punto.
El otro día estuve escuchando Y2K songs mientras bailaba frente al espejo sintiéndome una DIOSA, pero me ha costado mucho superar el cringe que me daba a mí misma hacer esto. También leo Hockey Smut y otras variaciones de novelas consideradas guilty pleasures, sue me. Me flipan las comedias románticas malas; me flipa el amor en todas sus formas y cuanto más cursi, mejor. Me encanta bailar por la calle escuchando música pero a veces no lo hago porque me entra la vergüenza de que la gente me juzgue; el 99% de las veces que voy escuchando música por la calle me siento que estoy en una película y que lo que escucho es la banda sonora.
¿Me hace peor persona? No lo creo, la verdad. De hecho, era mucha peor persona para mí y para los demás cuando estaba reprimida y no aceptaba (o mejor dicho, quería) todo lo que me hace yo; lo he comprobado este fin de semana que me ha ayudado a entender algo que nunca había sido capaz de entender.
Por si alguien es nuevo por aquí, yo soy de las que tienen una cabeza que le da vueltas a un problema hasta que lo soluciona; lo bueno es que suele pasar en el subconsciente, ya no es como cuando era adolescente que era una overthinker profesional.
Bueno, el caso es que este fin de semana he estado en una boda y he flirteado con dos hombres diferentes pero parecidos: mis completos opuestos.
Como diría mi Lexi, yo tengo clarísimo lo que quiero en un partner (no os voy a dejar la lista porque a nadie le importa), pero tiendo a atraer al completo OPUESTO. Así que, mi cabeza, ahí in the background, le ha estado dando vueltas y creo que por fin, I CRACKED IT. YAY (en realidad está en mi carta astral, pero no había sido capaz de entenderlo bien hasta ahora :/).
Atraigo y me atrae el hombre con las partes de mí que no me atrevo a ser y aceptar; las partes de mí que están contenidas a presión en un cajón que se parece más a una olla exprés que a un cajón: espontaneidad, no-reglas, libertad, que te dé igual lo que piensan de ti, descontrol, experimentación, lo no establecido…
Así que tengo un pequeño plan de ataque: igual que con los guilty pleasures, toca dejar de sentirse tan guilty con todo lo que soy y dejarme ser.
Voy a bajarme del high horse desde el que juzgo lo que está bien y lo que está mal de mí a través del espejo de otros y empezar a vivir las cosas en mis propias carnes para poder juzgar de forma empírica.
Como pasó con la canción que les mandé a mis amigos, perderle el miedo a aceptar todas las partes de lo que soy: también las menos cools y más vulnerables.


